Khruangbin va camino de convertirse en el autor del himno de un estado. Al igual que sucediese con el Georgia On My Mind de Ray Charles, Texas Sun parece destinado a pervivir en la memoria colectiva de todo Texas y convertirse en un emblema.
Khruangbin es a lo que suena Texas y Estados Unidos en la actualidad. Todo un viaje por las llanuras perpetuas, un paseo por el atardecer siempre caluroso de una colorida región del mundo en perpetua búsqueda de sí misma. Esta banda de Houston es el nuevo rock americano, una luz en medio de la vulgaridad comercial de las listas y un faro de lo auténtico. Es funk, es dub, soul, psicodelia y mucho más allá de lo que supone el Estados Unidos más convencional y vulgar. No obstante, las raíces musicales del trío de Houston se arraigan lejos, muy lejos, en la música tailandesa e iraní.
Con ellos inauguramos la sección Texas Sound en la que os invitaremos a conocer las bandas y músicos que definen el sonido Texas. Pero ¿quién son estos tres chicos del sur de Houston? Te lo contamos en en nuestro canal de Youtube, ¡no te lo pierdas!
Érase una vez en Houston, Texas
Khruangbin molan por que como ellos mismo dice, han hecho todo lo que no se debe hacer para triunfar. Aplican tanto lo de ir a la contra que su mantra es una famosa frase de Miles Davis que repiten en cada entrevista que pueden: Cuando los otros tocan rápido, tú toca despacio, cuando los demás tocan despacio, hazlo rápido.
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Sus inicios no pueden ser más texanos ni más Houston. John Speer, bajista, y DJ Johnson se conocieron en 2004 mientras colaboraban con la Iglesia de Saint John en el downtown de Houston, un lugar clave de la escena de la ciudad, en donde también comenzó su carrera Beyoncé. Se considera la meca del jazz y el gospel del sur de Texas. Speer es un obseso de las músicas del mundo y esto le llevó a hacer buenas migas con DJ. Empezaron a moverse por la escena hasta que apareció en sus vidas un torbellino latino de nombre Laura.
Laura Lee Ochoa y John conectaron enseguida. Estaban ávidos de ritmos diferentes que nada tenían que ver con lo que escuchaban en las radio fórmulas. Su espíritu aventurero los llevó a programar un viaje por Sudamérica. Un imprevisto o una bendición, según se mire, surgió entonces. Habían comprado los billetes, pero la visa no llegó y la aerolínea les ofreció un cambio de pasaje con dirección a Tailandia.
El tesoro tailandés
¡Quién sabe a lo que hubiesen sonado en caso de irse al cono sur! Lo cierto es que en Tailandia se encontraron con el funk tailandés y lo que ellos llamaron el Noodle House Music. Se vinieron con un montón de casettes recopilatorios de lo mejor de la musicalidad tailandesa de los 70 y finales de los 80. Les fliparon los sonidos que encontraron y a la vuelta se encerraron a escucharlos y a compararlos con el pop iraní que tanto adicción les producía.
La semilla ya estaba germinando. Poco después, se presentaron a un casting mientras empezaban a moldear ese sonido tan suyo en un granero. La prueba en cuestión tenía el propósito de ser parte de Yppah, quien se preparaba para telonear al gran Bonobo durante una gira americana de 2010. Después del tour se plantearon seriamente lo de dedicarse a la música. Y en ese momento fueron más Khruangbin que nunca. John se acordó de su amigo DJ y los tres se mudaron a un granero en un encantador pueblecito de apenas 300 habitantes de nombre Burton. En él experimentaron con los sonidos del sur, también los que encontraban en sus casettes de los confines de Asia y prácticamente cualquier lugar porque ellos son universales, una pulsión que fluye libre sin fronteras.
Los inicios de Khruangbin

En aquel granero la psicodelia , el pop iraní, el funk y el rock de la escena tailandesa, el surf californiano y los aires del sur hicieron el amor. Khruangbin eran muchas cosas que tuvieron sentido a los mandos del productor local Steve Christensen.
Poco después, llegó el momento del primer concierto. Al revés de muchas bandas, el trío de Houston tenía claro todo menos su nombre. Y ahí llegó Laura con la solución perfecta. Ella era una flipada de la cultura tailandesa al punto que se encontraba estudiando tailandés y enamorada de la palabra avión, Khruangbin, de imposible pronunciación para cualquier occidental pero que encajaba con el camino estético, musical y filosófico que estaban a punto de emprender. Funcionó.
Sus primeros años de carrera durante los primeros 2010 fueron los más emocionantes y arriesgados, y les asentaron en el underground texano. En 2013 sacaron un temazo alucinante, tan oriental como universal y dejaron a las claras que estábamos ante algo totalmente diferente. Calf Born in Winter mola mucho, ese downtempo tiene una ternura especial y te invita a soñar con una luz que no se apaga.
El despegue
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La canción anticipaba un EP como History o Flight que a su vez anticipaba un álbum debut que era un crucero por la música tailandesa de los 60, un tesoro cultural encerrado en maravillosos géneros como el luk thung que había sintetizado la década de manera tan eficiente como fascinante. Las cabezas giraron hacia Houston y Tailandia y de repente los tres habitantes del granero se pasearon por los escenarios del SXSW y empezaron a abrir para gente tan molona como FatherJohn Misty, Tycho, Chicano Batman, o Massive Attack. Y todo ello con apenas un EP publicado.
América ya no era América en ese EP, era un conglomerado de viajes, mundos que colisionan, fronteras derribadas y exploración que casaba con cualquier artista y con cualquier momento. Y esas fronteras derribadas arrasaban en Bandcamp o en SoundCloud, esos lugares comunes a todas las bandas primerizas donde se cimentó el nexo con una comunidad de fieles que explotó en cifras con su siguiente álbum, el que lo cambió absolutamente todo.
Una carta de amor
Con todo el mundo es una carta de amor musical, una caricia al alma y parte de una conversación íntima pero recurrente de Laura con su abuelo, Joseph Guillermo Ochoa, quien le preguntaba ¿cómo me quieres? Lo hacía tantas veces hasta que escuchar la única respuesta que aceptaba: Con todo el mundo. La ternura de la anécdota deja a las claras la intención del disco. Un downtempo instumental fuera de época, atemporal, meloso pero contundente como para que no sea muy pastel. Una maravilla para escuchar en cualquier momento. Un disco que les llevó a otro nivel partiendo y a petarlo en dos de los tótem de Youtube para cualquier banda emergente. El Tiny Desk y su directo en KEXP sumaron más de 50 millones de reproducciones, menos de la mitad de los espectadores de su especial en Pitchfork. 2018 fue literalmente su año.
Sin embargo, el éxito se sintió liviano en ellos. No dejaron de vestir las mismas pelucas con las que empezaron para evitar ser reconocidos al bajarse del escenario ni de comprar su atrezo en las tiendas de segunda mano de la zona latina de Houston. Siguieron siendo ellos. Laura es quien lo tiene claro. En sus conciertos, se transforma en Leezy, alter-ego de mujer latina, colorida, valiente, inspirada. Una fachada protectora de la Laura que guarda para su vida privada. Laura es la directora creativa de Khruangbin quien con sus conocimientos de arte y arquitectura monta esas puertas que nos recuerdan a los Doors en sus conciertos, quien hace guiños a Frida y a la cultura latina y quien maquina una coreografía inspirada en Prince y unos outfits inspirados en Elton John, más de 600 durante cada gira.
Con todo el mundo no solo era un mensaje de amor cifrado, sino un avance brutal en su sonido. Más allá de Tailandia encontraron inspiración en la psicodelia para abrazar géneros bajo su elegante paraguas, desde flamenco a pop iraní y sonidos de Oriente Medio que transformaron las canciones, pero no la esencia del grupo que se hizo más global y sofisticado. Era la antesala para lo que estaba por llegar en 2019: el nacimiento del nuevo himno de Texas.
Un himno atemporal con sabor a Texas
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Es difícil explicar qué hace tan especial a esta canción sin escucharla. Quizás sea su paleta estilística con tres estilos de guitarra diferente, española, country pedal steel y psicodélica. O la nostalgia que desprende o la luz que proviene de esas llanuras infinitas donde el tiempo se detiene sin esperar a nadie, donde todo fluye sin mirar atrás. Es posible que sea la voz tan personal de Leon Bridges. Lo cierto es que este himno texano es un himno a la falta de fronteras, a la libertad más personal y a un sentimiento universal de paz.
El himno nació de una gira conjunta de ambos y terminaron por darle forma en la famoso granero. Leon tenía ganas de grabar con la banda. Acudió como quien no quiere la cosa hasta su estudio para encontrarse con varios temas que le inspiraron a Texas, a Nueva Orleans y a los lugares que tanto significaban para él. Sobre estas magnéticas melodías impuso su sello, domó la lírica y firmó alguna de las canciones más especiales que se han compuesto en este siglo en Texas.
Pero el himno nació de una manera insospechada, como todas las cosas buenas que pasan en la vida, como todas las cosas que pasan en la carrera de Khruangbin. En los descansos de la grabación del EP, Leon cantaba y rasgaba su guitarra con una vibra puro Texas y entonces el ingeniero de sonido lo vio claro, supo lo que tenía delante suyo. Después le añadieron cosas de la tradición tejana, mexicana y de otras culturas que forman parte de Texas. Y junto a este himno desfilaron C-Side, Conversion o Medianoche. Este EP rompió el tablero y sigue siendo tan único como inimitable… por ahora. Su influencia aún está por llegar. Y llegará.
Con Leon volverían a grabar un par de años después. En Texas Moon replicarían y para algunos perfeccionarían el modelo. Lo que es seguro es que en Texas Moon la magia no se agotó, fluyó a través de Texas Moon, B-Side y mi favorita, Chocolate Hills.
Más allá de Texas y Tailandia
El nuevo sonido Texas definitivamente se cimentó en este soul psicodélico meloso y contundente. Mientras, el trío de Texas siguió publicando discazos alejados de Leon pero siempre cerca. Y no son discos que hayan pasado desapercibidos ni muchos menos. Tras Con todo el mundo y Texas Sun, tanto el público como la crítica a nivel internacional acogieron con un aplauso unánime esa joyita atemporal. En ella encuentras canciones como Pelota, que me fascina, y Time (You and I). Mordechai es un lujazo y el punto de arranque de unos Khruangbin estelares sin límites creativos.
Curiosamente, su siguiente álbum publicado se creó en el año más creativo de su vida, 2019, y se publicó en 2022. En él visitan el blues folk de Mali de la mano de Vieux Farka Toure. Todo un viaje musical fascinante por la obra de su padre, el legendario Ali Farka Toure. Un homenaje a una escena única e irrepetible y un maridaje impresionaten entre la música texana y africana. El resultado una obra maestra con un temazo en particular que me flipa, Savanne.
Y llega su último disco, A la sala. En él encuentras placeres culpables como Pon pón, mi canción favorita. Con un descaro downtempo y un fluir muy Khruangbin pasa de Texas por Asia y África para perderse sin ningún tipo de rubor por Tailandia para volver y decir Toma uno, Toma dos en un español susurrante pero que grita sin ambajes, el mundo es uno y es de todos. Este discazo lo disfruté en el ACL del año pasado, en 2024, al atardecer. Con él se cierra por ahora una discografía única que te hace viajar por el mundo.
¿A qué suena Texas? Suena al mundo, a Asia, a África, México, a lo universal y lo personal. ¿A qué suena Texas? Al downtempo atemporal y psicodélico de Khruangbin, los creadores del himno del estado de la estrella solitaria. Y esta ha sido su historia.
+ Música en Urban Moon


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